No has visto el mundo: has fatigado su simulacro.
Mucha gente cree haber descifrado la vasta geografía,
pero apenas roza la periferia del brillo.
La mayoría no ha visto nada:
ha enumerado sellos en el pasaporte
como quien cuenta las cuentas de un rosario de arena;
ha posado frente a los paisajes
con la indiferencia del que mira un espejo sin reflejo,
habitando el mapa, pero jamás la tierra.

Otros aprendieron el idioma del lujo:
el metal reluciente de un automóvil,
la mesa donde el poder ensaya sus ritos breves,
copas que no contienen el vino de la verdad,
sino el rancio sabor de una pertenencia prestada.
Hubo quienes tocaron la marca
y juzgaron haber asido la realidad;
vistieron el símbolo, ese rastro de nada,
y creyeron que la abundancia era un atributo de la seda.
Pero eso no es mundo,
es una laboriosa arquitectura de la vanidad.
Y ni siquiera han habitado su centro:
se demoran en el borde conjetural,
en la espuma de una apariencia que el tiempo,
ese otro sueño, se encargará de borrar.
Si tu idea del cosmos
se reduce a la acumulación de objetos
y a la exhibición de trayectorias lineales,
tu mirada ya ha sido cercada:
no por la sagrada pobreza,
sino por la minuciosa trivialidad.
Porque ver el mundo
no es fatigar los mapas
ni acaparar los signos del prestigio, esa moneda de humo.
Es una tarea más antigua y más gris:
es descifrar la luz y el fango que componen al hombre
y, pese a ese rigor, no negarle nuestro asombro;
es habitar la vasta discordia de las perspectivas
sin desertar de la ética búsqueda de la verdad;
es aceptar la aspereza del destino
sin el socorro de la metáfora que lo enmascara.
Ver el mundo
es dilatar las fronteras de lo pensable,
es reconocer la propia fragilidad
sin convertirla en una puesta en escena;
es mirar de frente la condición humana
—esa suma de tiempo, destino y olvido—
sin el asombro del náufrago ni la máscara del verdugo.
Y, sobre todo,
es pactar un secreto armisticio
entre lo que eres y lo que el universo es,
sin las máscaras que pretenden negociar
una grandeza que el espejo, puntualmente, desmiente.

